miércoles, 9 de noviembre de 2016

El icono santiagués por excelencia

Por más que pretenda hurgar en mis recuerdos será imposible conocer cuando fue la primera vez que mi cuerpo cruzó el umbral de Casa Bader, el ícono urbano santiagués que ha sido puesto en venta, por suerte, con la condición de que el adquiriente continúe con el negocio. Era seguro muy chico cuando estuve por primera vez allí, en el inigualable y único local de la 16 de Agosto, mi papá era habitué, y además era parte del vecindario. Allí se respiran únicamente colores e historia en la más categórica espontaneidad, desde siempre.

Entre la Sánchez y la Mella. Mi primer hogar estaba en la General Cabrera, al número 40, entre la Sánchez y la Cuba... de las escasas cosas que recuerdo es que el 31 de mayo de 1961, cuando se conoció en la ciudad la muerte del dictador Trujillo Molina, caía un aguacero de enormes proporciones y un palomar situado en la pared este de la edificación se desplomó, como ¡el azul de bolitas!

La residencia de mi familia materna en la misma General Cabrera a esquina Mella; mi tío Julio vivía en la General Cabrera, al número 47.

De Bader Fadul Minés, fundador de la Casa Bader en una época que hoy se hace tan lejana como el 1939 (8 de abril, para no dejar dudas), tengo vagos recuerdos, falleció en el 1974 y para ese entonces ya tenía 11 años en la capital y apenas 17 de existencia. Después, el local fue administrado por sus hermanos Lula, que murió en el 2003 y por Antonio, a quien todos conocimos como Ton Ton, que nos dejó hace 2 años, a sus 93 años de edad. Por un dilatado espacio de tiempo, que me tocó vivir, el local era exclusivo para caballeros, pero siempre en la más sobria de las familiaridades.


No se si alguna vez le tocó a mi mamá entrar y obligar a mi viejo a alzar anclas. Son tantas las historias individuales que desdibujan los límites del espacio y las huellas del tiempo. Cada una de las maderas en el piso responde a un intenso intercambio con el entorno, dando como resultado una gramática visual que conecta de manera estrecha con la realidad, el entorno y se arruga con la fuerza del imaginario colectivo del lugar. Como he dicho en otras crónicas, a pesar de estar ubicado en el centro de la ciudad, el vecindario era de primera.

Un mediodía cualquiera, después de visitar el establecimiento Ton Ton me abordó de la siguiente manera: “tu debes de ser hijo de Rafael Madera, que siempre trabajó con medicamentos, inquieto, emprendedor, muy deportista, un hermano para mi, uno de los mejores jugadores de softbol que ha tenido Santiago en toda su existencia y siempre me acompañaba a ver a las Águilas”. La charla se extendió por unos minutos bien dilatados y para mi resultó de una carga emotiva sorprendente.

Bader puede significar muchas cosas alrededor del mundo, desde un nombre propio, hasta el hijo de Adán; es un apellido alemán, pero también se encuentra como tal en Noruega y Dinamarca. En tiempos pretéritos definía aquel que tenía la primigenia profesión de barbero y cirujano. Baderbräu es una cervecería alemana en la localidad de Schanaitsee, desde 1591 y en Chicago encontramos la Bader Bräu, también artesanal. Arthur –Art- Bader fue un jugador de béisbol de las mayores, que nació en 1886 y falleció en el 1957, militó con los St. Louis Browns. Baade es un apellido que se reparte entre Noruega, Dinamarca y Alemania, mientras Baader es otro apellido de origen teutón.

Los Fadul son libaneses, originarios de Mezziara, llegaron provenientes de Haití en el año de 1911. La palabra fadul se refiere a bondadoso. De las entrañas del Imperio Otomano debieron de salir en una de las tres oleadas que se iniciaron en el 1864, todos con pasaportes turcos; de ahí la estigmatización. Existe también el apellido Faddoul.

Como escribió Rosa Montero (Madrid, 1951) en La Hija del Caníbal de 1997(Madrid, 1951): “ignoro de que substancia extraordinaria está confeccionada esta identidad, pero es un tejido discontinuo que zurcimos a fuerza de voluntad y memoria”.

Perfil ciclópeo y agujereado, referente simbólico, que forma parte del vaivén cotidiano de la ciudad corazón e ilustra en buena medida su forma de vivir. Casa Bader, sin proponérselo, huyó de la placidez urbanística, se mantuvo siempre en el mismo escenario y venció al implacable tiempo, ahora envuelto en modernidad.

La población toda entiende a Casa Bader como un símbolo del entorno metropolitano y una representación de la memoria histórica, que no debe quedar en manos de terceros ni de oportunistas.


Los viajeros, como un servidor, hemos aprendido que el lugar resiste toda transformación, porque allí la vida se torna sencilla, agradable, una refrescante irradiación de todas las historias, de todo el pasado, de todos los sueños, un repertorio de sorpresas, por eso siempre captará el interés del gran público, del habitual y de los que andamos al soplo del instante por vivir.

Casa Bader no representa un monumento arquitectónico terminado y robusto por la sencillez de sus trazos pero va más allá, está enclavada en una zona donde mi tío abuelo Pablo Neomisio Pérez Rancier (Santiago, 1884 / 1966), construyó en abundancia, y forma parte de la memorial cultural de la ciudad. Es patrimonio a mantener por su integridad; quizás sus nuevos propietarios intervengan, pero seguro jamás intentarán atentar contra su originalidad. El testimonio de ese espacio debe ser conservado de manera responsable.

El historiador puertorriqueño Osiris Delgado Mercado (Humacao, 1920) en Arquitectura de Santiago de los Caballeros (May.02.1975), recopilación de la Fundación García Arevalo y reproducido por Cielo Naranja de Miguel D. Mena señaló: “es esta de Santiago una arquitectura que responde al sentimiento de una nueva circunstancia nacional a la vez que está dentro de la corriente de los movimientos ideológicos de la época. La encontramos aquí como monumento que testifica y entraña en sus propias significaciones la jornada cumbre de un largo proceso histórico que finalmente cuaja en la consolidación del espíritu emancipacionista durante la segunda mitad del siglo diecinueve y que aún se proyecta ya comenzado el veinte”.

Agregaba Delgado Mercado: “Santiago responde al sentimiento de una nueva circunstancia nacional a la vez que está dentro de los movimientos ideológicos de la época. Es Ciudad que se fragua en las batallas de la emancipación y se consolida en el proceso de afirmación de la dominicanidad, especialmente en la segunda mitad del siglo pasado. No hay en ella la constelación de monumentos individuales, no es la ciudad de la cual podemos levantar un plano en el que nos satisfaga sobremanera el particularizar con números a sus edificios de relevancia arquitectónica. Sin embargo, hay una Ciudad, toda una Ciudad, pero sobre todo, sectores de una Ciudad que describen y testifican mejor que algunos textos de historia, la voluntad colectiva de una gente que ha luchado por afirmarse existencialmente”.

En su exposición Delgado Mercado recomendaba, recuerde conversamos de 1975: “como medida de acción inmediata conducente a la actualización de los principios de conservación, son fundamentales los siguientes pasos: primero: deben determinarse las zonas o calles de la ciudad, así como las estructuras individuales que por su valor histórico-arquitectónico ameritan quedar sujetas a una reglamentación especial para su debida conservación; segundo: tal reglamentación deberá tener fuerza de ley, y la misma debe quedar contenida dentro del concepto más amplio del proyecto de modernización de la ciudad; tercero: el reglamento deberá ser administrado por un organismo integrado por la oficialidad de arquitectos e ingenieros de la municipalidad y por personas representativas de los intereses culturales y económicos de la ciudad; cuarto: entre las varias consideraciones que deberán tener en cuenta los redactores del reglamento, es importante prever el problema de reconstrucciones y nuevas construcciones en lugares o zonas declaradas de valor cultural. Así mismo deberá quedar sujeto a determinaciones reglamentarias todo proyecto de construcción en sitios aledaños a dichas zonas de interés cultural; quinto: deben establecerse por parte de la autoridad correspondiente, incentivos a los propietarios de estructuras cuya conservación sea mandataria; sexto: debe formularse un plan de orientación de modo que la comunidad tome conciencia de los valores que se pretenden conservar”.

Ton Ton Fadul
Santiago, principal centro metropolitano de la región del Cibao, ha sido históricamente el paradigma del empuje colectivo dominicano, por su incesante laboriosidad, su actividad industrial, su comercio y oferta educativa, más recientemente se expandió a los servicios médicos de primer nivel. Pese a todos sus atributos y sus muchos tropiezos aún conserva cierta vocación pueblerina frente a los beneficios de la invasión del capital transnacional que terminaría de convertirla en uniforme, análoga, lisa e indistinta.

El Centro Historio de Santiago ha sufrido una transformación urbanística irresponsable y no resiste más agresiones, todo ello ingenieros y autoridades municipales actuando de manera inconsciente, vil  y mancomunada, como si nadie entendiera el uso de los suelos y la responsabilidad colectiva; un escenario para el tira y afloja de los que viven en la búsqueda permanente de la calderilla, sin solución de continuidad para la gente común. Quizás, siendo ilusos, aquello debió convertirse en un espacio arropado por el arte contemporáneo, a pocos pasos de allí está la residencia de Yoryi Morel, sólo para poner un ejemplo, y en frente de esta, la casa familiar de Winston- El Chilote- Llenas. Como el Southwark de la capital inglesa, dedicado a la conservación y promoción de la cultura; un espacio para todos.

En todos los confines de República Dominicana la relación entre el ejercicio de las fuerzas políticas dominantes, el poder económico y las manifestaciones en las imagines de ciudades, barriadas y campos ha sido imprudente, precipitada, inconsecuente, veleidosa, negligente frente a los iconos de referencia, su legitimidad, la identidad social y las representaciones sociales; como toldos del sentido trágico de todas las historias. La ciudad de Santo Domingo ha sufrido una enormidad con la ligereza con que se ha intervenido la zona de Gascue, lo mismo está pasando en puntos como La Romana, San Pedro de Macorís, Sánchez, Montecristi y Puerto Plata.

¿Dónde está incluido el apartado histórico sobre los orígenes de la identidad dominicana?

Centro de Recreo
Los hijos de Santiago, que somos muchos, y que no es verdad que la ciudad se queda con 29 caballeros cuando cualquiera de nosotros emigra, hemos repetido la historia desde que los acompañantes de Cristóbal Colón en la azarosa aventura de las carabelas hacia el fin de los mares fundara una villa en la ribera del río de Oro para 1495, que más adelante se conocería como Yaque del Norte, y las decisiones de Nicolás de Ovando, en 1511, siempre hemos sido tentados para ser parte de una página de la historia. Bader Fadul Minés lo consiguió como pocos.

El mundo que se nos vende hoy crea entornos urbanos cada vez más similares entre sí; el hotel Jaragua (abrió sus pertas en 1942 y fue demolido en 1985) de Francisco Guillermo González Sánchez (Santo Domingo, 1900-70, sólo una vez usó su primer nombre, en un documento académico de Yale University) era único e irrepetible por su claridad en el planteamiento arquitectónico, la simplicidad de sus líneas y la pureza de sus formas, amen del concepto de confort; este siglo XXI está marcado por procesos de homogenización que no trazan diferencias y pretende racionalizar a todos.

Hotel Mercedes
En el propio Santiago la icónica edificación del hotel Mercedes, inaugurado en 1929 construida por el ingeniero Romualdo García Veras, para los hermanos Gabriel y Francisco Robledo García, después arrendado a Alfonso Aguayo Silva y finalmente, desde 1950 a 1972 la administración estuvo a cargo de José Riggio Schiffino (1903-72, Riggio y Schiffino como apellidos), está convertido en la más completa ruina pese a ser considerado como uno de monumentos estructurales que identifican la ciudad.

La mundialización pretende la identificación de las urbes, a las mismas perfecciones, pero ha traído también una fuerte demanda que representen y robustezcan la identidad local. Es ahí, por ejemplo, donde naufragan los proyectos urbanísticos presentados en su momento por Leonel Fernández Reyna y su pretendido 2044, y Miguel Vargas Maldonado, en sus soluciones mientras era candidato a la Presidencia de la República en el año 2008.


Guillermo González Sánchez
Espero que Casa Bader continué eternamente entre nosotros. Una de las tareas impostergables de la cultura y la educación es impulsar los lineamientos para la conservación e investigación del patrimonio intangible de los pueblos y que este se traduzca en beneficio de la historia plural.

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