martes, 8 de marzo de 2016

Agrios edulcorados…
Caso 153: Disminuidos Goebbels tropicalizados
Mar.08.2016

No pocos recordaran toda la alharaca que realizo la Federación Dominicana de Baloncesto (FEDOMBAL) cuando presentó una fotografía donde el jugador Yack Michael Martínez entregaba un cheque a Rafael Fernando Uribe Vásquez, también conocido como Rafelin, honrando el 10 por ciento que a manera de diezmo la institución ha pretendido cobrarle a los jugadores que actúan en los diferentes torneos del país (Jun.12.2013).
 
Martínez y Uribe Vásquez
Quizás ahí empezó el declive de El Gran Capitán en sus relaciones con la entidad con sede en el Palacio de los Deportes.

Los montos otorgados por Martínez a la FEDOMBAL no constituyeron una carga impositiva. Resultó el aporte del jugador para la compra de dos (2) boletos aéreos a ser utilizados por las selecciones de categorías formativas para sus compromisos en el exterior, a pedido del presidente de la entidad “porque la misma está atravesando un momento económicamente difícil”.

El beato de Rafelin cambió el concepto, para ser utilizado para sus perversidades, y aquello no resultó del agrado del jugador.

Las imágenes contribuyen a fijar, mediante la simplificación y la exageración que contienen, la esencia de lo que muchas personas quieren entender o promocionar. La interpretación de la composición de las fotografías, por atracción espontánea, es el camino más transitado por los lectores y fanáticos; si a ello se le suma la jauría de animales hambrientos que pululan alrededor del presidente de la FEDOMBAL el efecto se devastador.
 
Adolfo Hitler y Joseph Goebbels
Uribe Vásquez pretendió enviarle un mensaje directo al resto de los jugadores que accionan en las diferentes ligas del país. Las connotaciones del uso de las imágenes es un tema que puede ser tratado transversalmente en cualquier materia.

Hay estudios psiquiátricos que señalan que la perversidad tiene su génesis en el revivir de traumatismos sexuales sufridos en la infancia. Los perversos también le gusta correr riesgos excesivos; situarse en los límites en el desafío a las leyes.


¡Nada más que decir, magistrado!

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