domingo, 23 de marzo de 2014

Gloria al bravo pueblo venezolano



Gloria al bravo pueblo 
que el yugo lanzó, 
la ley respetando, 
la virtud y honor. 

Cuando Joaquín Balaguer Ricardo regresó a la Presidencia de la República en el año de 1986, con toda la curtiembre de un hombre de estado, señaló ante la Asamblea Nacional, solo para enrostrarle a su predecesor Salvador Jorge Blanco (Jorge de apellido, se ha dicho que del mismo tronco de los Turbay en Colombia), que: “este es un país rico malamente administrado”. La situación económica venezolana ha sido desde hace unos 45 años lo más parecido a esa lacónica frase.


Pocas naciones sobre el globo terráqueo han tenido la suerte de tantas riquezas en su suelo como la patria de Bolívar, pero también pocos estados han realizado tan salvaje e impresionante derroche de recursos.

Venezuela es la quinta economía de America Latina superada sólo por Brasil, México, Argentina y Colombia. El petróleo es desde hace tiempo su principal producto de exportación y desde 1922 se explota a gran escala. Para 1999 el envío de bienes y servicios petroleros representaba el 76 por ciento de todas las ventas al extranjero, para el 2012 la misma se elevó a 96 por ciento. Venezuela es también el quinto país petrolero del mundo y posee las mayores reservas del planeta, por encima de Arabia Saudita. Las exportaciones de crudo le brindaron ingresos entre 1999 y 2013 por 760 mil millones de dólares de los Estados Unidos de America.

Durante el siglo XX los venezolanos vivieron dos férreas dictaduras, la de Juan Vicente Gómez (1910-1935) y la
de Marcos Pérez Jiménez (1953-1958); a partir de 1958 hubo un admirable interludio democrático hasta 1970, con las administraciones de Rómulo Betancourt, Raúl Leoni y Rafael Caldera. Después, el valor del “oro negro” se disparó y las gestiones de Carlos Andrés Pérez, Luis Herrera Campins, Jaime Lusinchi y de nuevo Pérez sucumbieron ante los infinitos ingresos para no ser jamás el mejor ejemplo de gestión eficiente, al punto de dar al traste con el sistema de partidos que encabezaban Acción Democrática (socialdemócrata) y el COPEI (Comité de Organización Política Electoral Independiente, socialcristiano).

Para la época de grandes tensiones sociales y políticas, a inicios de la década de los años de 1990, existió una propaganda que rezaba inundando todo el espectro radiofónico: “venezolano, el petróleo eres tu”.

En el último tramo de Pérez emergió la estampa del coronel Hugo Rafael Chávez Frías quien en Feb.04.1992, concibió, planeó, maduró y fraguó un golpe de estado. Pérez no terminó su mandato, separado de sus funciones (May.21.1993) y posteriormente destituido la acción judicial lo acusó de malversación de fondos para convertirse en el único presidente en la historia venezolana en ser depuesto. Antes de las elecciones de 1994 donde regresó Caldera, con 78 años de edad y muy disminuido, obstentaron la presidencia interina de la nación el médico Octavo Lepage y el abogado, político y periodista Ramón J. Velásquez.

Chávez Frías (Movimiento Quinta República) gana las elecciones del 6 de diciembre de 1998 con 56.2 por ciento de los sufragios emitidos, superando por 16.23 puntos porcentuales a Henrique Salas Romer (Proyecto Venezuela). En un tercer lugar figuró la ex reina de belleza Irene Sáez con apenas un 2.82 por ciento. Hubo además otros ocho aspirantes.

Desde 1999 Venezuela vive el fenómeno del llamado socialismo del siglo XXI. Pero la marcha de chavismo no produjo los cambios necesarios para llevar a esa nación a niveles considerables de desarrollo. Por el contrario, la sociedad venezolana se fracturó aún más; se abrieron nuevas heridas y se causó una voluminosa polarización.

Chávez Frías llegó para someter a toda Venezuela a los más profundos cambios estructurales. Modificó la Constitución, agregó una estrella más a la bandera, proclamó el fin de la influencia del imperialismo, llamó escuálidos a sus adversarios, ganó innumeras elecciones, recorrió la nación con un boina roja y teñía del mismo color hasta el último rincón donde se presentaba, inundó las ciudades con hordas de nuevos inquilinos, regaló la nacionalidad a miles de recién llegados con la única finalidad de convertirlos en votos, transmutó la radio y la televisión en una trinchera para dirigirse a seguidores y enfrentar a disidentes, pero a la postre esos cambios no llegaron. No cerró ninguna herida, no suturó el tejido social, infligió nuevos cortes sobre la epidermis y golpeó sin cesar a la clase media. Venezuela es hoy una sociedad que no resiste seguir viviendo en la inequidad social.

Con las políticas de Chávez Frías por primera vez en la historia la marginalidad recibió en forma directa entre el
30 y 35 por ciento de la renta petrolera, a través de las “misiones sociales” y con la gestión de los voluntarios cubanos, utilizados en áreas como salud, educación y desarrollo deportivo. La tasa de inflación ascendió a 56 por ciento anual y la carencia de recursos básicos (especialmente de la canasta alimentaria) alcanza un 40 por ciento.

El chavismo realizó una gigantesca transferencia de recursos hacia los sectores populares. En el camino un porcentaje de los 228 mil millones de dólares destinados al combate de la pobreza se agenciaron otros rumbos; para ser consecuentes con los “robulucionarios” o “boliburgueses” digamos que se distrajeron 57 mil millones de dólares… al cambio dominicano de la fecha 2 billones, 468 mil 100 millones de pesos. Solo a Chávez Frías se le calculó una fortuna de 112 mil 580 millones de pesos dominicanos, para ser conservadores.

El social/militarismo bolivariano en que se convirtió el Socialismo del Siglo XXI, es el mismo que aspira transformar a Venezuela en un gran acantonamiento, con un abstracción vestida de verde oliva; que aboga por una militarización de la sociedad al servicio terminante del proyecto gobernante, que suscita una corrupción fulminante, despótica e impune, que criminaliza la protesta social, e impone un capitalismo de estado salvaje y explotador. Es un propósito despreciable que patrocina el espionaje social, y elimina el principio de la presunción de inocencia, aspectos contemplados en la Ley del Sistema Nacional de Inteligencia y Contrainteligencia.

El de los cipayos que le entonan loas a un imaginario "legado del fallecido "iluminado de Sabaneta.

Los amplísimos recursos con que cuenta la nación sudamericana colocaron a su presidente en el vértice el huracán, todas las miradas se volcaron hacia su figura y muchos empezaron a emularlo. Rafael Vicente Correa en Ecuador, José Daniel Ortega en Nicaragua, Juan Evo Morales en Bolivia, José Alberto Mujica en Uruguay, Néstor Carlos Kirchner en Argentina, obra que continuó su viuda Cristina Elisabeth Fernández, y por supuesto, no podía faltar la figura paternal de Fidel Alejandro Castro desde La Habana.

Ramiro Valdez Menendez y Hugo Chavez
La influencia de Castro y el régimen cubano se hizo cada vez más patética. Los vuelos entre Maiquetía y Boyeros son cosa común. Se ha tratado de omitir la presencia cubana en Venezuela, cada vez más decisiva, para terminar con unas declaraciones recientes de Nicolás Maduro Moros donde indicaban que las grandes decisiones de ese país se toman en Cuba. Quizás olvidó que ya Venezuela lanzó el yugo a los opresores, respetando la ley, la virtud y el honor. ¡Abajo cadenas!, reza el himno nacional.

Chávez Frías basó buena parte de su influencia en conceder potestad a los cubanos, ello actuó como efecto domino en la región frente a las naciones que abrazaron su influjo, pero también a premiar a la claque militar que le acompañó en sus intentos golpistas. A partir del 1999 se desarrolló una creciente militarización de la sociedad venezolana que no refleja una alianza entre civiles y militares, sino el predominio de lo militar sobre lo civil, inclusive en áreas que en la mayoría de los países de la región pertenecen al ámbito ciudadano. 

Como escribí en mi articulo La madre de todas las muertes mediáticas el hombre fuerte de los cubanos en Venezuela ha sido Ramiro Valdés Menéndez, conocido como “Charco de Sangre”, ya con más de 80 años de edad, también como Gadafi Antillano (por su excéntrica arrogancia), Donatien, Marques de Sade (por el sadismo, el perfeccionismo y su ateismo radical), El Amo de la Censura, El Príncipe del Terror, El Dzerzhinsky Cubano (en honor a Felix Edmundovich Dzerzhinsky fundador de la policía secreta bolchevique que más tarde se conocería como KGB) y el Carnicero de Artemisa; una de las figuras cimeras del proceso cubano. Con él 4,500 hombres de los organismos militares de elite, divididos en 9 batallones, 2 generales, 4 coroneles, 8 tenientes coroneles, 6 capitanes de fragata, 25 oficiales, legalmente aceptados, todos bajo el mando del general de división Leonardo Andollo Valdez.


En Venezuela coexiste un retorcido socialismo mezclado con un agresivo belicismo, remiendo ideológico no distante doctrinariamente con el nacionalismo germano o con el fascismo italiano y que no tiene nada en común con los postulados propuestos por Marx y Engels. Al margen del falso y pirotécnico anticapitalismo del ungido de Miraflores, Estados Unidos sigue siendo el primer destino del petróleo venezolano. 

Paradójicamente el gran financista de la revolución bolivariana es Estados Unidos, gracias a la venta de 800 mil barriles diarios de petróleo crudo y derivados por parte de Petroleros de Venezuela (PDVSA). La sangría económica, con rasgos faraónicos, que se ha realizado al margen de las necesidades del país en sectores como educación, salud, ciencias, desarrollo profesional, etc., se trata de sustentar bajo la peregrina hipótesis d e una posible intervención estadounidense. 

Es el social/militarismo de Norberto Ceresole (Caudillo-Ejercito-Masa, 1999), credo apocalíptico de la nueva logia militar bolivariana fundada por el occiso del cuartel de la Montaña y continuada por los “Centauros de Chávez” quienes controlan el poder. Venezuela padece las consecuencias de un gobierno militar dirigido por una pestilente cúpula uniformada obcecada por el poder. El investido de Maduro es solo un bufón quien con su lenguaje escatológico y prostibulario cumple las órdenes del gorilato social fascista. 

Cabello
Allí entra en escena la figura de Diosdado Cabello Rondón, presidente de la Asamblea Nacional y uno de los aventureros que acompañó a Chávez Frías en su lance de 1992, que sin lugar a dudas evoca la figura de José David Toro Ruilova, coronel boliviano quien tomó las riendas del gobierno por medio de un golpe de estado después de la derrota sufrida por el ejercito en la Guerra del Chaco (1932-1935); este grupo de bolivianos trató de poner en practica lineamientos basados en el nazismo al cual disfrazaron de socialista. Otras falsificaciones ideológicas en América Latina incluyen a Luis Carlos Prestes y Getúlio Dornelles Vargas en Brasil, Juan Domingo Perón en Argentina, Juan Francisco Velasco Alvarado en Perú y Juan José Torres González también en Bolivia.

La ignominiosa militarización del gobierno bolivariano ha logrado asumir la conducción política, 48 por ciento de las gobernaciones y 35 por ciento de los ministerios, y más recientemente la dirección económica, la elite militar controla el 75 por ciento del presupuesto nacional y de la seguridad pública. Han institucionalizado la retrógrada doctrina de Seguridad y Defensa Nacional, curiosamente adoptada por los gobiernos militares del Cono Sur en la década de los años de 1970 y 1980. Esta prédica reaccionaria además de promover el exterminio del enemigo interno, epíteto para la oposición política, a fin de procurar una “paz interna” y proporcionarle a las fuerzas armadas una supuesta legitimación como últimas salvadoras de la nación, fomenta la militarización del lenguaje y de los comportamientos políticos, una disciplina férrea, una verticalidad prusiana, así como la promoción del mesianismo militar. 


Amen de el incremento significativo del gasto militar que se ha destinado fundamentalmente a la adquisición de armamento (aviones, helicópteros, fusiles, tanques, vehículos blindados, sistemas de defensa aérea, sistemas de misiles y baterías móviles de lanzacohetes, etc.), incluyendo además aumentos salariales y la modernización de la infraestructura de sus instalaciones.

Además, con el apoyo explícito de las Fuerzas Armadas Nacionales (FAN) se ha fortalecido la operatividad de los grupos paramilitares, entre ellos los Tupamaros, el Colectivo La Piedrita, el grupo Carapaica, quienes actúan básicamente en los ámbitos urbanos. Igualmente el Frente Bolivariano de Liberación (FBL), banda de cuatreros que opera en la frontera colombiana con el apoyo logístico de la FAN. 

Todo en Venezuela pasa estrepitosamente, cada hecho supera al anterior, la realidad realmente se señorea cada día, pero nada bueno se vislumbra en la lontananza y la ciudadanía luce absorta, abstraída, atónita, boquiabierta. Cuesta asimilar que el balance final de años de ingresos multimillonarios arroje un déficit extraordinario, incluso en campos de difícil recuperación.

El fin del ciclo se acerca, será necesario reparar el daño, habida la pesada carga que quedará para llevar hacia adelante.

Maduro Moros
El socialismo ha herido de muerte la calidad de vida de los venezolanos, se ha producido una caída estrepitosa del entramado social y los años por venir serán mayores testigos de esta situación.

Distorsiones de la historia y de la realidad que podrían llegar a enloquecer al mejor plantado. Las falacias cotidianas han desvalorizado el ya menoscabado valor de la palabra oral y escrita. Se resquebrajaron las normas de convivencia. Nadie respeta a nada ni a nadie. Las instituciones todas están hechas trizas.

Socialismo del siglo XXI, una trampa en el laboratorio de mentes descabelladas.


Gritemos con brío: 
¡Muera la opresión! 
Compatriotas fieles, 
la fuerza es la unión; 
y desde el Empíreo 
el Supremo Autor 
un sublime aliento 
al pueblo infundió. 

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