sábado, 18 de octubre de 2014

Contextualizando a José Joaquín Puello

Puello Herrera
José Joaquín Puello Herrera (San Juan de la Maguana, 1940) llega al Pabellón de la Dama del Deporte Dominicano en acto solemne que se efectuará este Oct.19.2014. Profesional destacadísimo. Hasta la fecha nuestro neurocirujano más sobresaliente; sobresaliente en un campo de figuras verdaderamente notables, las de antaño y las del presente; solo mencionaré dos, ya fallecidos, Neit Arias Lora y Mario Tolentino Dipp. Médico aún en servicio, actualizado clínicamente y con una brillantez excelsa para exponer.

El doctor Puello Herrera fue por 21 años presidente el Comité Olímpico Dominicano (1982-2003); en su dilatada gestión deportiva el país corrió con la celebración de dos eventos magnos, los XV Juegos Deportivos Centroamericanos y del Caribe realizados en Santiago en 1986 y los XIV Juegos Panamericanos llevados a cabo en Santo Domingo en el año 2003. Se desgastó en un dilatado debate por la presidencia de la Organización Deportiva Panamericana (ODEPA), posición que nunca alcanzó,  con el mexicano Mario Vázquez Raña (Ciudad de México, 1932), en el cargo desde 1975 y reelecto hasta el 2016.

Después de su paso por el Comité Olímpico Dominicano (COD), institución de la que es presidente ad-vitam,
Pleno del COD
tristemente su legado no alcanza su figura.

Pese a todos sus meritos, sus condecoraciones, su reconocimiento, su bonhomía, el doctor Puello Herrera nos dejó una estructura olímpica viciada. El deporte dominicano es desde hace tiempo un refugio para muchas perversidades. Es por demás, la más antidemocrática de nuestras instituciones. Dirigentes en toda su ordenación que cada día cercenan la quimera de nuevos valores y figuras dentro de las diferentes disciplinas y gente que sólo busca tejer un manto de amplísimas relaciones comerciales; ha sido más importante “la búsqueda” que el desarrollo, la motivación, la difusión.

La cúpula del movimiento deportivo dominicano está llena de gente sin escrúpulos, sin virtudes, sin disposición, pero con amplias aspiraciones.

El presidente vigente del COD, Luis Mejía Oviedo señaló en el último encuentro de federaciones: “el Comité Olímpico Dominicano ha decidido subir a los escenarios que están a la altura del movimiento olímpico. Por eso estamos aquí, con situaciones nuevas que nuestro movimiento ha venido con mucho tiempo preparando”. Agregó: “con la fuerza de sus manos. Con el imperioso volumen de sus voces y con nuestras propuestas podemos conformar el camino de nuestro movimiento olímpico”. Cada vez hay propuestas nuevas que jamás se ejecutan.

Mejía Oviedo
Más que nuevas promesas sería oportuno abarcar el tema de los aspectos éticos de la colectividad deportiva dominicana; ese engranaje que no produce los resultados esperados fuera de los logros en el terreno de las competencias. Los aspectos de interacción moral social e instituciones federadas en República Dominicana están divorciados porque no se generan desde la cuna de las altas virtudes; la plataforma realza una dinámica que sólo sirve para indelicadezas muy diferentes a las que deberían ser su norma. En esos términos, el triunfo del totalitarismo deportivo está asegurado.

Los criterios y principios que hacen norma en la conformación de asociaciones, federaciones y el propio COD son casi enteramente negativos; en muchos de estos grupos se reúnen los peores elementos de cualquier sociedad, mencionaremos tres.

Uno: en general, cuanto más se eleva la educación y la inteligencia de los individuos, más se diferencian sus opiniones y sus gustos y menos probable es que lleguen a un acuerdo sobre una particular jerarquía de valores, y aquí adolecemos de una buena educación. Para alcanzar un alto grado de coincidencia en los discernimientos hay que descender a los principios morales e espirituales más bajos de las masas, allí donde prevalecen las más arcaicas y comunes propensiones y complacencias. Donde estará el caldo de cultivo de los menos originales y los más dependientes; donde el peso del número supera a los ideales. Los dictadores confiarán siempre en los menos afortunados, para oponerse a todos los esfuerzos por una colectividad mejor.

Dos: alcanzar el apoyo de los resignados, subyugados, maleables, borregos, dóciles, candorosos, simplones y crédulos, aquellos sin dos dedos de frente, sin convicciones, ni capacidad para persuadir, dispuestos a someterse un sistema de valores confeccionado a fuerza de tirantez y a frecuencia repetida. En estos grupos las ideas no alcanzar a parirse, es como si la movilidad neurológica estuviera ausente, sin conexión entre los terminales para alcanzar cotas de perfección. Gente de pasiones prontas y emociones cortas, cuyo único objetivo es dormir, levantarse, comer, orinar, cagar, fornicar y beber.

Tres: con el atrevimiento intencional del demagogo hábil, el antagonismo del “nosotros” y el “ellos”, la reyerta contra todo aquel que es ajeno al grupo o a sus intereses, ser convierte en mejunje esencial de todo credo que enlace sólidamente a un grupo para la acción común. Esta receta ha sido explotada desde tiempos muy pretéritos entre aquellos que buscan no sólo el apoyo para una política, sino la ciega confianza de ingentes masas. Desde su punto de vista, tiene la gran ventaja de concederles mayor libertad de acción que casi ningún programa positivo. Es más fácil para los candidos ponerse de acuerdo sobre un programa negativo, sobre el odio a un enemigo, sobre la envidia a los que viven mejor, que sobre una tarea positiva.

Exaltados en 2013
No se los criterios que primaron en el doctor Puello Herrera para la conformación de sus equipos de trabajo en el campo deportivo y para la elección de muchos de sus sucesores, pero no hay dudas de que siempre habrá sospechas sobre la relación de estas con todas las virtudes que entran bajo la denominación general de honestidad y a sus efectos sobre ellas.

Nadie recordará lo implacable que resultó el doctor Puello Herrera frente al periodista Ramón Jerez, cuando lo criticó a mediados de su gestión. Una de las plumas más elegantes del diarismo deportivo dominicano, jefe de prensa de los Juegos Deportivos Centroamericanos y del Caribe en 1986, quien después de esa confrontación no volvió a encontrar espacio en los medios tradicionales dominicanos y para terminar buscando refugio en diversas instituciones del estado.

En el acto del Pabellón de la Fama del Deporte Dominicano se habrán de contener las emociones, terminarán atrapándose como un río de lagrimas en su garganta, mientras todos los convocados le expresarán respeto y gratitud; será difícil controlar la memoria. Allí caerá un bonancible aguacero de mayo, en octubre, en forma de nostalgias y recuerdos.

Solo el cielo permanece ahí arriba, insinuándose claro y azul a los niños. Los demás ya conocemos las trampas de las nubes aborregadas y los estropicios que dejan las tormentas. Y aún así hay quién no quiere verlo.


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